¡El poder de la gratitud!: Re-codificando la negatividad

El día de ayer publicamos nuestro primer blog, de 5 en total, que estamos dedicando a la gratitud. Y hablamos de la importancia de alimentar una mentalidad agradecida, y los beneficios que esto nos da.

Hoy, les compartimos el segundo blog, que se enfoca en visibilizar cómo podemos re-codificar la negatividad que tenemos adentro.

Primero empezamos con esta pregunta, ¿qué es lo que queremos de la vida?

La respuesta probablemente sea ser felices, ¿verdad? Pensamos en la felicidad todo el tiempo. Pensamos en lo que nos hace felices, y lo que se interpone entre nosotros y nuestra felicidad. Pero un hallazgo interesante de la psicología, es que cada persona tiene su propio punto de felicidad.

Esto significa que la felicidad es más fácil para unas personas que otras. Y lo vemos de primera mano en las personas que nos rodean. Todos conocemos a alguien que tiene una pre-disposición más optimista hacia la vida. Y por otro lado, todos conocemos a alguien que tiene una pre-disposición de descontento hacia la vida. Siempre ven el lado negativo. Son los “eeyores” (de Winnie The Pooh) del mundo.

Y no resaltamos esto para juzgar, sino para resaltar que nuestro nivel de felicidad no es el mismo que el de otras personas y no está dentro de nuestro control. Tenemos un “punto propio” pre-determinado, que está influenciado por ciertos factores:

  1. Los genes que heredamos.
  2. La bioquímica propia.
  3. Las circunstancias en las que nacimos.

Por esta razón es que ser rico, famoso o hasta ganarse la lotería no necesariamente incrementa la felicidad en el largo plazo o asegura el “ser feliz”.

Por eso Robert A. Emmons en su libro “Thanks” nos habla sobre un estudio de adaptación muy famoso. En este estudio, los psicólogos investigaron sobre el bienestar y la felicidad de dos grupos muy diferentes. El primero se había ganado la lotería. Y el segundo había sufrido lesiones en la médula espinar. La conclusión es que los que habían ganado la lotería, no estaban ni cerca de igual de felices que lo que se esperaba. Y las personas con lesiones en la médula espinar eran más felices de lo que se esperaba.

En cada grupo, habían individuales con un rango de pre-determinaciones hacia la felicidad antes del “evento que les cambió la vida”: ya sea la ganancia inesperada de la lotería o la lesión. Lo que vemos aquí, es que aún con estos eventos que “cambiaron sus vidas”, en promedio las personas regresaron a su nivel natural de felicidad, sin importar qué tan suertudas, o trágicas, sus circunstancias.

Esto es sorprendente, hasta que entendemos cómo funciona nuestro punto propio de felicidad.

Inicialmente veremos un incremento en nuestro nivel de felicidad después de un evento positivo que podría cambiar nuestra vida, como ganarse la lotería. Pero eventualmente nos adaptamos y regresamos al nivel de felicidad que es natural para cada uno de nosotros.

Entonces podríamos preguntarnos, ¿cuál es el punto de practicar gratitud, si el nivel de felicidad ya está pre-determinado en cada uno de nosotros?

Bueno, está demostrado que nuestro punto propio de felicidad no es tan rígido. Si desarrollamos el hábito de sentirnos agradecidos, la base de nuestro punto propio de felicidad puede subir. Hasta alguien que naturalmente es melancólico o negativo puede lograr aumentarlo.

La clave es crear una práctica diaria y consciente de gratitud.

Tenemos que estar conscientes en todo momento de lo afortunados que somos. Y para lograrlo, tenemos que implementar en nuestro día a día ejercicios y herramientas. Esto significa que hay “hacks” que podemos practicar para forzarnos a nosotros mismos a enfocarnos en lo increíble de nuestras vidas y que muchas veces tomamos por sentado.

Ahora, ¿qué es el sesgo de la negatividad y cómo re-codificarlo?

El sesgo de la negatividad es una barrera muy fuerte en el proceso hacia la gratitud. Como mecanismo de defensa, el cerebro humano ha desarrollado la tendencia a enfocarse en información negativa y no en información positiva. Esto hace que naturalmente, nos enfoquemos en lo negativo. Por eso, “la mente es como un velcro de experiencias negativas, y teflón para experiencias positivas”.

Un acto de bondad puede ser fácilmente olvidado. Pero la memoria de un argumento, puede quedarse con nosotros toda la vida.

Y lo mismo es cierto cuando hablamos de memorias que “duelen”, memorias que traen vergüenza, decepción, enojo o fracasos. Estas son las emociones y los pensamientos que se quedan en nuestra mente.

Entonces, si este sesgo nos hace infelices, ¿por qué lo tenemos?

Mucho tiempo atrás, nuestros ancestros desarrollaron este sesgo para mantenerse fuera de peligro. Tenían que acordarse cuáles animales eran peligrosos, cuáles hongos eran venenosos y cuáles eran comibles. El sesgo hacia lo negativo les ayudaba a sobrevivir y evitar amenazas. Pero hoy, no estamos en peligro como lo estábamos en tiempos históricos, y sin embargo quedamos “atados” a este sesgo negativo.

Por suerte, podemos aprovecharnos de la plasticidad del cerebro para modular nuestro sesgo negativo. Y podemos hacerlo al deliberadamente cultivar emociones positivas: como la gratitud.

Cuando fortalecemos el hábito al agradecimiento, estamos re-codificando nuestras vías neuronales para enfatizar información y emociones positivas versus las negativas. Y entre más tengamos cierto tipo de pensamientos, más fortalecemos esa tendencia en nuestros cerebros.

Para ejemplificar más esto, veamos una historia: “El cuento de los dos lobos”.

Un hombre anciano estaba enseñándole a su nieto sobre la vida. Él le dijo al niño: “Una pelea está sucediendo dentro de mi. Es una pelea terrible, y es entre dos lobos. Uno es malo, está enojado, sufre de envidia, lamento, codicia, culpa y ego. El otro es bueno, está en paz, ama, tiene esperanza, humildad, compasión, amabilidad y gratitud. Y la misma pelea está sucediendo adentro tuyo y adentro de cada persona que conozcamos”. El nieto lo pensó un minuto y luego le preguntó al anciano: “¿Cuál lobo va a ganar?” El anciano le dijo: “El que más alimentes”.

Entonces, así justamente es como funciona la negatividad. Mientras reforzamos pensamientos y emociones negativas, éstas se convierten en hábitos. Por eso quejarse refuerza quejarse y la insatisfacción refuerza y lleva a más insatisfacción.

¿El reto? Alimentar el lobo correcto. El positivo.

Y es una pelea porque nuestra negatividad está cableada en nuestro cerebro, y debemos evitar que la negatividad se convierta en un hábito cableado en nuestro cerebro.

Debemos entender que tenemos que ser agradecidos con todo lo positivo que tenemos. Entender que tenemos que tener más compasión con nosotros mismos, tenemos que felicitarnos más por lo que hemos logrado, tenemos que dejar de tratarnos tan duro, tenemos que dejar de compararnos con otros y otras realidades, tenemos que entender que el proceso de cada persona es único y cada quien está en el proceso que debe estar, tenemos que entender que tenemos muchas “reglas” o “ideas” pre-concebidas que nos ha impuesto la cultura desde que crecemos, y que si no las estamos cumpliendo, está bien, porque es nuestro proceso único.

¿Cuáles “reglas” o “ideas” pre-concebidas? 

La de “tenemos que estar casados y con casa propia antes de los 30”, “tenemos que tener hijos antes de los 35”, “tenemos que tener mínimo cierto nivel de educación”, “tenemos que estudiar afuera”, etc.

Sean las ideas que sean para cada quien, las tenemos, son pre-concebidas y las tenemos tan arraigadas dentro de nosotros mismos que ahí están constantemente midiéndonos, siendo un indicador de qué tan exitosa o fracasada es nuestra realidad.

El problema es que ese indicador viene de afuera, es algo impuesto y viene de las expectativas de otros (de nuestros padres, de nuestra pareja, de la sociedad, de la cultura, de quienes nos rodean)… y no viene de algo propio.

Pensemos en cuando éramos niños, cuando éramos la versión más pura e inocente de nosotros mismos y de nuestra alma. No teníamos esos condicionamientos y por ende, vivíamos más felices y agradecidos. Hasta una caja de cartón nos traía buenos momentos.

Vivíamos sin barreras, explorando quiénes éramos, aprendiendo sobre nuestras habilidades, siendo curiosos. Pero mientras crecemos, nos van metiendo en cajas, en etiquetas, en ideas pre-concebidas de lo que debemos ser y hasta la profesión para la cual trabajaremos toda nuestra vida… y si no llegamos a ser lo que se espera de nosotros, nos frustramos.

Pero lo que tenemos que entender es que esas cosas no nos definen como personas, y también debemos aprender a desaprender. Desaprender todos esos sesgos impuestos que hacen que vivamos nuestra vida con miedo – que es lo opuesto al amor -, con decepción, con enojo, con incertidumbre y con estrés. Entendamos nuestro proceso, aceptémoslo y aprendamos cada día de él, siempre siendo agradecidos.

Así como tenemos que entender que todos tenemos una historia y un proceso, también tenemos que entender que todos tenemos nuestras batallas, y hay personas con batallas aún peores que la nuestra.

Al final del día, no importa qué tan difícil sea nuestra vida, tenemos una opción. Estamos en control.

1. Podemos ver la vida a través del filtro de la negatividad.

2. Podemos ver la vida a través del filtro de la apreciación y gratitud.

Podemos lamentarnos sobre lo que nos falta, o podemos enfocarnos en los regalos tan profundos que nos rodean cada día.

Y para liberarnos de este hábito hacia la negatividad, lo primero que tenemos que hacer es notarlo. Es visibilizarlo cada vez que nos llega. Es hacer consciencia cada vez que nos sentimos entrando a la negatividad. Y en ese momento, en lugar de darle valor a ese pensamiento negativo, inmediatamente le damos valor a uno positivo.

Entonces esto nos dice: Tenemos que escoger ser agradecidos. Tenemos que escogerlo todos los días.

Los primeros días de empezar una práctica constante de gratitud, es sumamente difícil. La mayoría de los días puede que nos pase que no encontremos cosas por las cuales estar agradecidos.

Pero hay que entender, que entre más difícil se sienta practicar la gratitud, más lo necesitamos en nuestra vida.

Para empezar, podemos practicar este ejercicio:

Listar cosas básicas que sabemos que debemos estar agradecidos por ellas. Nuestro hogar, nuestra refri con comida, nuestro closet con ropa, y algunas veces, ahí es donde debemos comenzar. Por lo básico y que tenemos en frente. Así el sentimiento de gratitud no esté ahí aún.

Aunque al inicio las palabras se sientan vacías, practicar esto todos los días nos empieza a cambiar. Y hay que entender que el cambio toma tiempo, y tenerle paciencia al proceso.

Todos los días se debe hacer este trabajo, todos los días hay que escoger la gratitud. Y poco a poco, esas palabras que empezaron como palabras vacías, van a empezar a sentirse más significativas. Y la forma como empezamos a ver la vida, empieza a cambiar. Sin cambiar nada en nuestras circunstancias, la gratitud puede empezar un cambio interno. Un cambio de perspectiva que crea una nueva idea sobre nuestra vida. Como una película en blanco y negro que de repente se llena de color.

Con el tiempo, empezamos a incorporar en nuestra lista de gratitud cosas nuevas, cosas que antes nunca pensábamos. Aire limpio, comida fresca, la bondad de un extraño. Empezamos a despertarnos.

Y mientras seamos más agradecidos en el presente, cambiamos nuestros recuerdos del pasado.

Ya no vemos un pasado oscuro, o solo notamos y recordamos lo malo que nos dejó. Empezamos a recordar y valorar también todo lo positivo que ese pasado nos dejó. Porque sin ese pasado, no seríamos quienes somos hoy.

¿Qué podemos agradecer de nuestro pasado?

La profesora que nos ayudó en tiempos difíciles, nuestros hermanos que nos apoyaron y se preocuparon por nosotros, nuestros padres cuyo amor es incondicional, ese vestido o traje especial que nos hizo sentir bien, las amistades que nos sacaron mil sonrisas y hasta nos hicieron llorar de la risa. Hay tantas cosas de nuestro pasado por las cuales debemos estar agradecidos, así como las hay en nuestro presente.

Y esta es la clave: despertar y notar. Nos despertamos todos los días, pero, ¿realmente estamos despiertos?

Entonces, vamos a dejarlos a todos con un ejercicio: “La cuenta regresiva de la gratitud”.

Es un ejercicio simple, pero poderoso. Y así funciona: cada vez que nos encontramos en negatividad, lo primero que debemos pensar es: “cuenta regresiva de gratitud”. Podemos hacerlo solos si no tenemos a nadie cerca, pero si podemos encontrar a una pareja o varias personas que nos acompañen en este reto, sería genial.

Este ejercicio nos reta a decir 10 cosas por las cuales estamos agradecidos ahí mismo, adonde sea que estemos, cuando sea que aparezca la necesidad: en el supermercado, mientras estamos en una presa, después de un largo día. Contar de 10 a 1, listando cosas por las cuales estamos agradecidos, intentando ser lo más específicos que podamos. No dejemos las ideas tan generales, intentemos especificar qué es lo que más agradecemos de cada cosa, persona, animal, situación o experiencia que mencionemos. No es solo el “qué”, sino el “cómo” o el “por qué” de lo que agradecemos. Cuando somos específicos, nuestros agradecimientos son más auténticos.

Si estamos solos, lo hacemos así tal cual. Si estamos con alguien, después de nuestro conteo, retamos a la otra persona a hacerlo también. Y la experiencia de compartir esto con otra persona es muy enriquecedora, escuchar nuestra lista, luego escuchar la lista de la otra persona. Son experiencias que unen y fortalecen la relación. Decir las cosas, no solo pensarlas, hace que se vuelvan más comprensibles y reales.

Empezar, o terminar el día, con una cuenta regresiva de gratitud es una excelente forma de empezar a incorporar este hábito en todos los días de nuestra vida.

Esta es una práctica sencilla que funciona muchísimo, pero en los siguientes blogs compartiremos más para tener más opciones.

Una última idea antes de irnos por hoy. Podemos pensar en tanto agradecimiento, ¿pero a quién o a qué le estamos expresando agradecimiento?

Bueno, esto es muy importante: no hay que ser religioso, ni creer en Dios, para practicar la gratitud. Puede alinearse con eso, por supuesto. Pero no depende de eso. Para practicar gratitud, no hay que creer en nada más que en la vida que llevamos. Si recibimos un regalo anónimo, ¿nos sentiríamos agradecidos? No tenemos que saber de quién vienen los regalos que recibimos, para estar agradecidos por ellos.

El punto no es hacia quién va el agradecimiento, sino que sintamos ese agradecimiento.

Fuente: Calm.

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