¡El poder de la gratitud!: Las barreras de la gratitud

En los primeros dos blogs sobre la gratitud, abarcamos muchos temas que nos permitieron introducir muy bien el concepto y entender el poder que puede llegar a tener en nuestras vidas si lo practicamos diariamente.

Hoy, en este blog, tocaremos las barreras de la gratitud.

Primero debemos entenderlas, para luego detectarlas cuando aparezcan, y así, sobrepasarlas.

BARRERA UNO: Nuestra tendencia a “querer”.

Cada vez que encendemos la televisión o pasamos por una valla publicitaria, estamos siendo condicionados a creer una de las principales ideas de la cultura consumista. ¿Cuál? Esa idea de que más, es mejor.

Tantos caminamos por el mundo con este sentimiento constante de “querer más” y “nunca tener suficiente”. Somos bombardeados con las imágenes y mensajes que vemos en la publicidad, el entretenimiento y las redes sociales. Todo diciéndonos que tenemos que vernos mejor y tener mejores cosas para ser felices.

Y lo que nos termina pasando es que desarrollamos una mentalidad de insuficiencia. Con una mentalidad de insuficiencia, cuando pensamos en nosotros y en nuestra vidas, lo que vemos es lo que falta. Sentimos y pensamos que cuando tengamos esta cosa, o esta otra, por fin seremos felices o por fin estaremos satisfechos.

Pero si pensamos así, ninguna cantidad de dinero, ningún título o puesto de trabajo, ningún número en una escala… nos llenará.

Una vez un deseo se cumpla, aparecerá otro, y luego otro, y luego otro. Si pensamos así, la felicidad y la satisfacción siempre será como el horizonte, siempre ahí adelante, pero nunca lo alcanzaremos.

Queremos un nuevo teléfono, pero en un mes sale la nueva versión y de repente ya el nuestro no es suficiente. Queremos un salario más alto, pero cuando tenemos un aumento, ya queremos otro. Entonces nos encontramos en un ciclo eterno de insatisfacción.

Es imposible disfrutar o apreciar lo que tenemos hoy, cuando estamos siempre queriendo algo más que no tenemos.

Y este hábito de “querer” crea mucho sufrimiento. De hecho esta es la segunda noble verdad de los budistas. Los budistas dicen que el origen del sufrimiento es el apego y el constantemente “querer más”. Y es realmente liberador entender esto. Porque como indica la tercer noble verdad de los budistas, sí hay una forma de salir de esto. ¿Cómo? Bueno, cada vez que nos encontremos queriendo algo, podemos practicar gratitud. Podemos entrenarnos para alumbrar lo que sí tenemos y dejar de lado tanta insatisfacción.

BARRERA DOS: Nuestro hábito de comparación y envidia.

Está en nuestra naturaleza evaluarnos a nosotros mismos y a nuestras vidas. Comparamos nuestros cuerpos, nuestras cuentas bancarias y nuestras carreras con personas que están más “fit”, que tienen más dinero o mejores puestos de trabajo.

Hay un concepto en la psicología llamada la teoría de la comparación social. Esencialmente significa que nuestra mente hace comparaciones como una forma de evaluación propia. Este impulso tan arraigado de compararnos, nos permite entender quiénes somos y adónde estamos en comparación a nuestro alrededor.

Y tiene sentido desde una perspectiva de evolución. La comparación nos permite entender o detectar esas cosas en las que somos buenos, y esas cosas en las que no somos tan buenos, como una forma para “navegar” situaciones sociales o protegernos contra amenazas. Pero cuando tomamos esto y le agregamos las redes sociales, el entretenimiento, la “perfección” que nos han intentado vender… la comparación se intensifica.

Pasamos viendo nuestro feed social, haciendo “scroll”, y vemos que las personas siempre están viajando más que nosotros, están viéndose más con sus amigos que nosotros, y generalmente viviendo vidas mucho más emocionantes. De repente nos llenamos de comparación y hasta de envidia. E inmediatamente, la satisfacción con nuestra propia vida se empieza a deteriorar. Entre más alimentemos nuestra mentalidad de “lo que falta”, más nos empezamos a alejar de la apreciación y la gratitud.

Anthony De Mello dice: “Solo hay una razón por la cual no estás experimentando felicidad en este preciso momento. Y es porque estás enfocándote en lo que no tenés.” Entonces, si deliberadamente ponemos nuestra atención en lo que nosotros tenemos y no en lo que tienen los demás, pasamos de comparación y envidia… a gratitud y felicidad. Es como una cámara, podemos cambiar de lente y enfocarlo diferente.

Solo tenemos que entender que el camino a la felicidad nunca es el camino ajeno, sino el propio. No debemos compararnos con los demás, en todo caso, comparémonos con nosotros mismos.

Acá hay un pequeño tip que podemos aplicar para cuando nos encontremos en el hábito de comparación. El ejercicio se llama: Comparación consciente hacia abajo. Este ejercicio pide que nos comparemos nosotros mismos a nuestros ancestros. Todo lo que tenemos que hacer es pensar en todas las cosas que todos los días podemos disfrutar, que para nuestros ancestros serían inimaginables de tener.

Haciendo esto, tenemos un recordatorio instantáneo de todo lo que tenemos hoy para estar agradecidos.

Electricidad, transporte, medicina moderna que nos permite sobrepasar enfermedades que antes nos mataban, agua potable y al alcance, podernos comunicar con cualquier persona alrededor del mundo sin problema, hasta tener acceso a zapatos se convierte en un acto de magia para nuestros ancestros que tenían que andar descalzos. Y acá detectamos que tenemos una realidad, en general, mejor que nuestros ancestros hace años.

Entonces, si nos preguntamos ahora, ¿cuál es el resumen de todo este tema de gratitud? ¡Es DESPERTAR! Despertar de nuestra tendencia a comparar. Despertar de nuestra tendencia a la insatisfacción. Despertar para ver el momento que está justo en frente de nosotros.

El universo está lleno de cosas maravillosas, pacientemente esperando que nuestros sentidos se agudicen para notarlas. Y eso es gratitud. La gratitud agudiza nuestros sentidos. Nos ayuda a sacarnos del piloto automático para empezar a notar lo increíble que tenemos en la vida.

Un hábito para salirnos del piloto automático es poner un recordatorio de gratitud. La idea es establecer una simple señal que nos dé “entrada”, que nos recuerde a entrar en gratitud. Puede ser una frase inspiradora que pongamos en la refri, o un brazalete que amemos, o un sonido, o una alarma que pongamos en el teléfono. Para que cada vez que veamos o escuchemos esta señal, entremos en gratitud. Entonces, nos queda a todos una tarea: poner un recordatorio propio de gratitud.

BARRERA TRES: Nuestras expectativas.

¿No es increíble como una expectativa de lo que debería suceder, nos puede condenar a la miseria?

Estamos llenos de fijaciones sobre cómo la vida debe desenvolverse. Expectativas alrededor de lo que queremos ser en nuestra vida, en nuestra carrera, en todo. Y para muchos, esto es una constante. Pero, las cosas rara vez salen como esperamos que salgan. Y cada vez que nuestras expectativas no se cumplen, nos decepcionamos. Y cualquier gratitud que tengamos se debilita.

Cuando algo no sale como esperamos, empezamos a frustrarnos. Esa frustración, si la alimentamos, genera estrés en nuestro cuerpo.

Por ejemplo: estamos en el aeropuerto, escogimos un vuelo que salía temprano para aprovechar el día en otro país, pero llegamos al aeropuerto y nos damos cuenta que el vuelo se atrasó un par de horas. En ese instante nos frustramos, empezamos a pensar en todo lo malo de esta situación, porque teníamos otras expectativas. Ya no vamos a llegar temprano, ya no vamos a aprovechar o conocer igual, ya no vamos a descansar igual para el siguiente día, entre mil otras cosas que podemos pensar. Pero, si detectamos esa frustración a tiempo, y empezamos a ver que aunque esta noticia no es la ideal, igual estamos a punto de volar en un avión, de viajar a conocer otro país, de cruzar al planeta, y al hacerlo ponemos las cosas y los problemas en perspectiva… y todo cambia.

Y si hacemos el ejercicio de nuestros ancestros, ¿qué pensarían ellos sobre viajar en avión al otro lado del mundo?

Eso antes era imposible. El caballo era la única forma de viajar y se tardaban días, semanas, meses. Pensar en montarse en un avión, en unas sillas cómodas, y viajar alrededor de nuestro planeta en cuestión de horas, es solo en eso una gran cosa por la cual estar agradecidos.

Por supuesto es natural molestarnos cuando nuestras expectativas no se cumplen. Queríamos algo del menú y fuimos solo por eso pero no hay, queríamos viajar a tal hora pero se aplazó el vuelo, entre mil otras cosas. No significa que nos tenemos que sentir mal por esa molestia que naturalmente llega a nosotros, pero sí debemos trabajar para poner las cosas en perspectiva.

Mucho se habla hoy de los “problemas de primer mundo” y justamente es una frase que invita a poner nuestros problemas en perspectiva. Porque cuando lo hacemos, nos damos cuenta que no son tan graves como inicialmente los vimos.

Cuando de inmediato lo notamos y logramos hacer ese cambio de perspectiva, re-conectamos con nuestro ser, con todo lo positivo que tenemos a nuestro alrededor y lo suertudos que somos de tener todo lo que tenemos.

Y mientras practicamos gratitud, más veremos la relación que tiene la gratitud con la curiosidad y la admiración por la vida.

Entre más practicamos gratitud, más nos impresionamos con este planeta en el que vivimos. Con lo positivo que tenemos a nuestro alrededor. Con lo afortunados que somos. Con lo perfecto que llega a ser todo.

Y todo esto es un tema de perspectivas. No son nuestras circunstancias las que crean la gratitud, sino nuestra percepción de las circunstancias.

Y el mismo principio aplica con expectativas más grandes, como: querer casarse antes de los 30, querer tener una casa propia antes de los 40. Estas son buenas metas que podemos tener, pero la vida tiene una forma de trabajar en su propio cronograma.

Entonces no podemos condicionar nuestra felicidad a cosas que están fuera de nuestro control.

Entonces, nos queda una opción. Debemos escoger.

¿Queremos ir por el mundo con un sentido de apreciación y curiosidad? ¿Podemos ir más allá de nuestras expectativas para estar en paz y contentos? ¿O queremos vivir insatisfechos, infelices y negativos?

La decisión está en cada uno de nosotros.

Fuente: Calm.

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