¡El poder de la gratitud!: Descubriendo las bendiciones escondidas

En los primeros tres blogs sobre la gratitud, abarcamos muchos temas que nos permitieron introducir el concepto y entender el poder que puede llegar a tener en nuestras vidas si lo practicamos diariamente.

También exploramos las barreras de la gratitud y cómo podemos sobrepasarlas.

Hoy, en este blog, hablaremos sobre esas ‘bendiciones escondidas’ debajo de situaciones y circunstancias difíciles y retadoras. Situaciones que en un principio hacen que se sienta imposible aplicar la gratitud, o que se vea imposible “verles el lado positivo”.

¿Cómo podemos entrar en una mentalidad de apreciación, aún cuando nos enfrentamos a dificultades en la vida?

Como lo hemos repasado en los blogs anteriores sobre este tema, nuestro sesgo de la negatividad mantiene a nuestra mente enfocada en lo negativo. Pero, ¿qué pasa si desarrollamos un hábito de ver siempre “el otro lado” de cada dificultad a la que nos enfrentamos?

Hay una frase muy bonita de Winnie The Pooh que dice: “Qué tan dichoso soy yo, al tener algo que hace que decir ‘adiós’ sea tan difícil”. Esta frase nos dice que podemos tomar una situación difícil, pero decidir verle el lado positivo.

Si estamos poniendo mucha atención, en cualquier escenario, las cosas que menos esperamos que puedan detonar la gratitud, tienen el potencial para hacerlo si nosotros decidimos verlo así.

Y todo está en eso, en una decisión consciente. Y cuando la tomamos, empezamos a decidir ver algo positivo de cualquier experiencia que nos pase.

¿Terminamos una relación? Veámoslo como una oportunidad para conectar de nuevo con nosotros mismos, para aprender cosas nuevas, para retomar hobbies que teníamos en el olvido, para dedicarnos tiempo a nosotros mismos o dedicarle tiempo a personas que talvez habíamos apartado. Veámoslo como una oportunidad para volver a hacer cosas que amamos, para sanar heridas y dejar atrás tanto equipaje que no nos permite seguir adelante más livianos, para conocernos más y aprender más de nosotros mismos. Reconozcamos todo lo que esa relación nos enseñó, todo lo bonito y positivo que nos dejó.

¿Nos despidieron de un trabajo? Veámoslo como una oportunidad para dedicarnos a otra cosa, para hacer eso que siempre quisimos hacer, veámoslo como un proceso que debe suceder y que sucedió porque algo mejor tiene que venir, y vendrá. Decidamos ver lo positivo. Reconozcamos todo lo que aprendimos en ese trabajo, y agradezcamos por todo lo que nos dio. Agradezcamos por todas las personas y amigos que conocimos. Pensemos que este despido podría ser el catalizador de algo muchísimo mejor, que podríamos reconsiderar nuestra carrera, el tipo de trabajo o puesto que queremos, nuestras prioridades, todo. Se cierra una puerta, pero si lo vemos con los ojos correctos, se abren tres más.

La gratitud nos permite ver las historias bajo una nueva luz. Y si vemos todo con lupas de gratitud, a todo podemos encontrarle el lado positivo para estar agradecidos.

Ahora, vamos a hacer un ejercicio.

Pensemos todos en una situación que cataloguemos como “fracaso”, o simplemente una situación difícil o retadora en nuestras vidas. Sea un proyecto, una relación, una entrevista, un trabajo, una presentación. Pensemos en algo, y lo que sea que pase por nuestra mente está bien.

Ahora, pensemos en cómo nos sentimos después de esa situación que experimentamos. ¿Crítica personal? ¿Enojo? ¿Arrepentimiento? ¿Vergüenza? Es natural sentir estas cosas, como seres humanos tenemos esta tendencia a sobre-pensar las situaciones y repasar cuantas veces podamos todas las cosas que hicimos mal, o lo que pudimos hacer mejor.

Pero qué tal si en lugar de caer en esto de siempre, mas bien intentamos darle vuelta a la situación y buscamos cuáles pueden ser esas bendiciones escondidas, hasta enterradas, debajo de tantos escombros. Como las lecciones aprendidas o la sabiduría ganada.

Por ejemplo, una relación tóxica o poco saludable puede enseñarnos mucho de respeto y amor propio y de la importancia de establecer barreras.

Ese es el ejercicio: Intentemos encontrar eso positivo por lo cual podemos agradecer en esa situación negativa que pensamos unos párrafos atrás. Y replanteemos esa memoria para que no quede como un arrepentimiento, un fracaso o algo negativo, sino como algo positivo, como una experiencia valiosa.

Podemos inclusive y si queremos, escribirnos a nosotros mismos una carta y firmarla al final:

“Querido(a) _________, sé que esta experiencia te generó dolor, enojo, vergüenza. Reconozco y acepto la tristeza que generó. Pero reflexionando, espero poder ver que hay cosas que se pueden apreciar de esta experiencia. Como lo que aprendí, o cómo crecí. Las personas que conocí, las oportunidades que gané, las cualidades que desarrollé – como paciencia, claridad, sabiduría. También es importante reconocer mi valentía a intentarlo. Y reconocer mi valentía de hoy, al responder a esta situación con amor y crecimiento. Eso en si mismo es una victoria y algo para lo cual debo estar agradecido.”

Entonces, transformemos esas memorias negativas o de derrota, en memorias positivas y de crecimiento, así éstas sean leves o fuertes.

Y con las memorias o situaciones fuertes, este ejercicio se hace muchísimo más difícil. Cuando la vida se siente destruida, acá es donde está el verdadero reto. ¿Cómo ver algo positivo si se vive con dolor crónico? ¿Si se tiene una enfermedad grave? ¿Si se perdió la casa por un incendio o algún otro acontecimiento? ¿Si se siente que se perdió todo?

En estas situaciones, probablamente se tenga que buscar mucho mucho más fuerte para encontrar la luz. Pero la luz está ahí. Talvez perdimos a un ser querido, pero aún tenemos su memoria, sus recuerdos, aún estamos conectados. Talvez perdimos nuestra casa, pero tenemos vida y salud. Así que aún cuando se sienta oscuro, tenemos que levantar la cabeza y ver la luz. Es la única opción que tenemos para seguir adelante de la mejor forma.

Veamos la historia de Viktor Frankl. Una historia increíble de como se puede encontrar la gratitud entre tanto sufrimiento. Él es un austriaco judío, psiquiatra, que fue encarcelado por los Nazis durante la segunda guerra mundial.

Él vivió tres años tormentosos en campos de concentración y fue liberado cuando la guerra terminó. Escribió un libro llamado “Man’s search for meaning” donde habla sobre las circunstancias tan difíciles que él y otros prisioneros vivieron.

Pero lo más interesante de su historia es ese sentido, ese significado que él le encontró a su sufrimiento. Y una de las cosas que dice en su libro es que le da crédito a las tormentas que enfrentó porque fortalecieron su gratitud.

Talvez por su entrenamiento como psiquiatra, observó su experiencia y la de sus compañeros prisioneros con un sentido de curiosidad. Y lo que descubrió es que aunque muchos prisioneros perdieron esperanza, algunos se mantuvieron positivos por su integridad espiritual, aún estando sujetos a momentos absolutamente crueles y difíciles.

Las condiciones de crueldad no promovían la gratitud de ninguna forma para los prisioneros. Pero como él lo indica, la libertad humana más importante es esa habilidad de escoger nuestra actitud hacia las situaciones, especialmente una actitud de gratitud en cualquier circunstancia, especialmente las más difíciles.

Prisioneros sí, pero nadie podía quitarles la libertad humana de escoger ver las cosas diferente.

Entonces, el sufrimiento y la gratitud sí pueden co-existir. O aún más sorprendentemente, la gratitud puede surgir del sufrimiento. Si estamos pasando por los tiempos más oscuros, podemos ver las situaciones con ojos de gratitud si tenemos los ojos y la mente abierta. Como lo prueba Frankl, que sufrió de los horrores más grandes de nuestra historia y de la humanidad.

Solo necesitamos consciencia, percepción y valentía.

Entonces, nuestra felicidad no causa gratitud.

La gratitud, es la que causa la felicidad.

Todos vamos a sufrir en nuestra vida, en diferentes formas y niveles. Pero siempre tenemos la opción de gratitud, de ver lo positivo, una luz entre tanta oscuridad.

Fuente: Calm.

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